miércoles, 31 de agosto de 2016

CHUBBY CHIC



¡Estoy DE-SES-PE-RA-DA! La primavera está a la vuelta de la esquina y yo no paro de comer. Este invierno la verdad que fue más laaaargo que plegaria de solterona a San Antonio y yo no hice otra cosa más que morfarme la vida. En las vacaciones de invierno luego comí tanto que volví tan gorda que perfectamente me podían usar como rueda de auxilio del avión en caso de aterrizaje forzoso. Cuando me vieron así de desbordada, mis amigas solidarias me animaron con todos los eufemismos habidos y por haber del tipo: “Nada que ver Nicoletta, no estás gorda, estás un poco “hinchadita”…. “seguuuro que es la retención de líquidos” “ese espejo nomás engorda” “seguro que no se descalibró tu balanza”. Y no faltó el famoso: “pero lo que pasa que vos sos GRANDE nomás”. Cuando te dicen “grande” con cara de mosquita muerta, estate segura que estás a punto piñata y a tus amigas no les da el corazón decirte la verdad. Cuando tus amigas del alma empiezan a usar estos términos contigo se te activan inmediatamente todas tus alarmas. Algo está mal…. MUY mal. Como ya sonaron todas las señales de alerta no te queda otra que hacer lo que más odias en la vida. No mis señoras, no es hacer dieta, sino lo previo a hacerla: pesarte. El momento de enfrentarse a la balanza es casi como estar frente a un pabellón de fusilamiento. Una sabe lo que se viene pero no lo quiere encarar. Tras tomarte 2 pastillas de diuréticos (porque todavía estás en negación y le crees a tus amigas pelotudas que te dijeron que lo tuyo es “retención”) y sacarte tooooda la ropa te pesas. Cerrás los ojos fuuuuerte como si te estuvieran por disparar. Y luego abrís uno y ves medio borroso el veredicto. Tras decirte a vos misma “ESTO NO PUEDE SER CIERTO” (Puesto que seguís en negación) procedés a sacarte todos tus accesorios, desde el reloj hasta la última cadenita que te dejaste puesta (porque a esta altura hasta tu tanga y tus aritos de perla suman gramos extras). Como los 40 vienen con bifocales tenés que ponerte los lentes para ver de cerca porque no podés creeeeee—eeeer lo que tus ojos están viendo. En ese preciso momento constatas de que se trata de una auténtica crisis nivel #TeComisteLaVida y como no tenés más 15 años, y tu metabolismo de cuarentona da lástima, ¡te viniste con nada más y nada menos que 10 kilos de más! Ahí tus ojitos se llenan de lágrimas empañando a tus bifocales mientras exclamás (con tono de Delfín Quishpe) “NO PUEDE SEEEEEER…. PORQUEEEEEEEEEE” Tras maldecir a todos los fondues, pancitos, pastas, tortas, crepes y cada uno de los 700 bombones que te tragaste en el invierno y llorar amargamente por todo lo que te espera por delante: dieta, terapia, ejercicios, masajes, drenajes, detox , chips y las toas cosas. Primer paso, la inevitable dieta. ¡Qué cosa horriiiible es hacer dieta en invierno! Todos están comiendo felices y vos muriéndote de hambre y de frio. A quien en su sano juicio le estira comer lechuga en invierno. Y por supuesto hasta ahora no entiendes porqué todo lo rico engorda. Por qué regla de tres el brócoli tiene que tener menos calorías que el chocolate. ¿Alguien puede explicarnos esto? Luego empiezan todas las clases de cuanto nuevo ejercicio suuuurja. Y con tantas opciones no sabés para que lado tirarte, si es el crossfit, el yoga o el bodypump lo que van a salvarte la vida y hacerte más rápido el camino a tu cuerpo del verano 2017. Pero por supuesto siempre vas a tirar hacia la amiga buena onda que te dice que está todo bajo control y que con unas sesiones de caminatas en Ñu Gua se te baja la “pancita” (eufemismo del siglo para la gigante buzarda que acuñaste durante tus comilonas invernales). La muy divina seguro que hasta se ofrece para estirarte para ir a Ñu Guasú y pasarte a buscar todos los días a las 6 am. Obviamente nadie es así de así de desinteresada como para madrugar para que puedas lucir un bikini este verano. Lo que tu amiga no te cuenta (pero te darás cuenta antes de terminar el primer kilómetro) es que se gastó todo su presupuesto de terapia en zapatos y quiere hacer catarsis a costa de toda esa grasa que tenés que quemar desesperadamente dando 999999 vueltas en el parque escuchando todos sus problemas existenciales. En situaciones normales no te bancarías ni 3 minutos de conversación con esta chica, pero como estás DESESPERADA y no te queda de otra, te bancás horas de servir de oreja a sus terribles problemas de empleada y de uñas frágiles y todas esas “crisis existenciales” que aquejan a las mujeres que no tienen otra cosa que hacer que pintarse las uñas de todos los colores. Como ya no tenemos 20 años y 10 kilos no se solucionan en 20 días de dieta, tenemos que armarnos de paciencia y determinación. Porque a los cuarenta los kilos de más se aferran a los huesos como garrapatas. A los 40 bajar 2 kilos ya es todo un desafío, el solo hecho de tener que bajar 10 ya es una verdadera pesadilla. Lo más probable es que ni aunque te cosas la boca con punto cruz ni camines (o mejor dicho en tu estado… ruedes por Ñu Guasú) 3 veces x día vas a lograr tu objetivo en el tiempo poco realista que te propusiste. Porque las cuarentonas también nos ponemos ansiosas de balde y bajar 3 gramos no nos satisface jamás. Al mes sin resultados esperados (porque obvio que siempre pretendemos bajar los 10 kilos en 1 mes) empezamos la búsqueda del milagro. Ahí empezamos a seguir todas las dietas esotéricas y soluciones mágicas, empezamos la dieta de la luna, a tomar cuanto té o batido te aseguran baja 3 kilos por segundo y terminamos rezando hasta el rosario para implorarle a Dios que nos perdone todos nuestros pecados de gula y nos haga bajar por intercesión divina. Crema, cremita, venda, vendita, parche, parchito, chip, chipsito, faja, fajita…. Y así seguiiimos hasta pasara por todo el repertorio imaginable y de realismo mágico para bajar 10 kilos en 30 días. La verdad que las mujeres somos capaces hasta de tomar batidos de bosta de elefante albino si nos prometen que adelgaza. No hay lo que no vamos a probar. PUNTO. El cielo es el límite. Lo más probable es que al fin y al cabo tengamos que aplicar la gran “Deneuve” y concientizarnos en lo que dijo la actriz: “llega un momento en la vida en el cual tenés que escoger entre tu trasero o tu cara”. Obviamente elegimos la cara, porque los kilos demás, si bien nos dejan con un moldevái karayá, también nos dejan con una carita radiante (porque obviamente la grasa es un filler natural para todas nuestras incipientes arruguitas). Llega el verano y pasamos divinas del bikini a la malla negra (del color que más adelgaza y que encima tiene una fajita oculta para sostenernos todas las achuras en su lugar) y con nuestra carita rozagante (a la cual le hicimos un contouring conlos protectores solares con color para disimular cachetes y papadas) le sonreímos divinas al verano, convenciéndonos a nosotras mismas, que a los 40…. CHUBBY IS THE NEW CHIC.

lunes, 25 de julio de 2016

ANGEL Y TERA YEGROS: EL CONTAGIO DEL ARTE






En la familia Yegros sin lugar a dudas el arte es una cotidianeidad. Tera Yegros tuvo la fortuna de nacer en una familia de artistas. Su tía Lucy Yegros es una renombrada artista visual que ha recorrido el mundo con sus obras. Su madre, Adriana Almada, es una de las más respetadas críticas de arte de nuestro país y su padre es nada más y nada menos que el gran escultor Ángel Yegros, uno de los cuatro novísimos, grupo de artistas que agitó la escena del arte paraguayo con su aparición en 1964.

Tera creció en el campo, entre los libros de su madre y la chatarra industrial que su padre iba transformando en impactantes esculturas que luego serían exhibidas en importantísimas Galerías y Museos del mundo entero. Creció rodeado de naturaleza y de cultura, en un ambiente absolutamente creativo, con padres que lo alentaban a seguir sus sueños y pasiones, predicando con el ejemplo, ya que ambos seguían firmemente las suyas. Como dice su padre: no es de extrañar que el arte “se le contagiara”.

La veta artística de Tera lo llevó a dedicarse al diseño industrial, desde donde le toca transformar el metal con un propósito diferente al de su padre, pero de una manera igual de creativa. Desde 2009 realiza trabajos de diseño y producción de mobiliario, integrando a veces, a la par que su padre hace con sus esculturas, material de recuperación.

En esta edición especial por el día del padre, decidimos entrevistar a este dúo tan creativo de padre e hijo, quienes además del ADN llevan la impronta artística en sus venas.

ANGEL YEGROS
Además de la escultura, ¿también te dedicás al diseño de accesorios y objetos?
Yo no diría accesorios ni objetos. Para mí siempre son esculturas, aunque sean de pequeño formato y cumplan alguna función específica. Por ejemplo, las joyas que vengo realizando desde hace muchos años y, más recientemente, la colección de recipientes escultóricos para los perfumes que yo mismo creo, a partir de plantas nativas. Utilizo las hojas, las raíces, los brotes, las flores, dependiendo de los casos.

Como padre, ¿cual fue tu granito de arena para acercar a tu hijo al mundo del arte y de la cultura?
Creo que fue sencillamente un contagio. Yo no hice nada especial para que él se acercara al arte y la cultura. Fue, simplemente, nuestra manera de vivir.

Cuando Tera era pequeño, ¿te imaginabas que haría algo vinculado al arte?
Sí, porque las cosas que Tera hacía evidenciaban su creatividad. Siempre estaba fabricando algo. Como vivíamos en el campo y no tenía juguetes sofisticados ni televisión, encontraba mil maneras de divertirse. Con los hermanos hacía casitas en los árboles, inventaba aparatos para deslizarse de una rama a otra, carros para transportarse en medio de las plantas… Y dibujaba muy bien. Dibujaba mis obras. En uno de los catálogos de una exposición que hice en la Galería Michèle Malingue, al lado de una escultura mía se publicó el dibujo de Tera, que tenía entonces cuatro años.

¿Qué crees fueron los factores que desencadenaron que Tera decida dedicarse al diseño? ¿En algún momento lo proyectaste para él o fue una sorpresa?
Fue una sorpresa, aunque siempre supe que su destino estaba ligado a alguna actividad creativa. Pero lo suyo también es técnica, y eso es importante. No sólo imaginación, sino también rigor. Él fue descubriendo solo su camino y nuestra casa fue un buen laboratorio de experimentación para sus primeros proyectos de mobiliario.

Me imagino que como padre estarás muy orgulloso de tu hijo. ¿Qué es lo que más te enorgullece a nivel laboral?
La inteligencia y el tesón para lograr sus objetivos.

¿Qué te gustaría que te diseñe Tera?
Una mesa de noche.

¿Cómo te gustaría que te recuerde siempre tu hijo?
¡Como un padre loco!

TERA YEGROS
¿Qué se sintió crecer inmerso en el mundo del arte, con un padre escultor, una tía artista y una madre crítica de arte?
Fue natural, no imagino mi vida de otra manera. De mi padre me fascinó siempre la capacidad de transformar la materia, de convertir desechos industriales en obras de arte y en objetos utilitarios literalmente fuera de serie, únicos; y su pasión por la naturaleza, por las formas vivientes, que él había heredado también de su padre, gran enamorado de las plantas, en especial las orquídeas. Mi hermano Arapy y yo nacimos y crecimos en una quinta fuera de Asunción, con un jardín enorme, en partes salvaje, que mi padre había diseñado y cuidaba personalmente. Ahora veo cómo todos esos años de infancia fueron modelando mis intereses y también los de Arapy, que se dedica al audiovisual. De mi madre aprendí la importancia de crear un hábitat bello y agradable para vivir. Creo que me transmitió su pasión estética, su rigor y su perfeccionismo, tan necesarios cuando se trabaja en diseño e interiorismo. De mi tía me impresionó su concepción del arte como juego y el uso del guaraní en su obra. Tuve una hermana que dibujaba maravillosamente y escribía libros de cuentos. Se llamaba Luciana, igual que mi tía.

¿Cual fue tu primer vínculo con el arte?
No recuerdo, porque nací inmerso en un mundo de arte. Me cuentan que cuando tenía 2 ó 3 años mi padre me dejó un momento solo en el taller y al volver me encontró golpeando con un martillo todos los hierros que había alrededor. Supongo que ya se estaba despertando mi espíritu creador. A los 6 años tomé cursos de arte con Engelberto Giménez y Carlos Solano López. Y durante unas vacaciones, a los 7 años, conocí en Montevideo la obra de Torres García y en Punta del Este la casa de Páez Vilaró. Quedé fascinado con todo lo que vi en ese viaje y a partir de allí fui adentrándome más en el mundo del arte.

¿Cómo te alentaron tus padres al inicio de tu carrera?
Desde que yo era muy chico guardaban con mucho cariño mis dibujos, me daban muchos materiales para pintar, dibujar y hacer esculturas. También me llevaban a museos, galerías de arte y exposiciones. En la quinta teníamos varios estanques (les decíamos “lagunitas”) y me gustaba quitar el barro de las orillas para hacer muñequitos. Cuando estaba por terminar el colegio y les comenté que quería estudiar arquitectura (que fue la carrera que empecé antes de estudiar diseño industrial) y me alentaron mucho. Mi padre me regaló todos sus libros de arquitectura (él cursó la carrera, una parte en Paraguay y otra en Argentina) y mi madre me traía de cada viaje nuevos libros sobre arquitectos visionarios. Después de un año y medio de estudiar arquitectura conocí más sobre diseño industrial y me di cuenta que ésa sería mi profesión. Mis padres me apoyaron. Siempre me dijeron que lo más importante es hacer lo que a uno le gusta, lo que a uno le apasiona, pues solo así el trabajo se transforma en placer y se pueden lograr grandes resultados.

¿Cuáles son las cosas que te inspiraron de tu padre para vincularte con el arte a través del diseño?
Como te dije antes, me inspiró su capacidad de transformar cosas sin valor en piezas de arte, esa capacidad de crear formas, sensaciones y objetos delicados.

¿Cuánto de escultórico tienen tus diseños?
Probablemente muy poco en comparación con las obras de arte de mi padre y otros artistas. Desde el diseño, creamos productos que deben cumplir funciones específicas; la forma suele en muchos casos ser el resultado del desarrollo de una serie de requerimientos. Como diseñadores, debemos procesar todos estos requerimientos para convertirlos en piezas de diseño.

¿Qué elementos locales te inspiran para crear tus diseños?
Como te dije que pasé mi infancia en el campo, por lo que me inspira la naturaleza, las formas, los colores y las texturas de los bosques y animales del Paraguay. Tener en cuenta la cultura del lugar es muy importante para familiarizar a las personas con el diseño, ya sea de espacios o mobiliario.

¿Cuál es tu proceso creativo?
Siempre busco congeniar la función con la forma. Además de eficiente, un objeto debe ser, en lo posible, bello y atractivo. Para empezar a diseñar hago muchos bocetos, dibujos técnicos en la computadora en 2 y 3 dimensiones, hago prototipos a escala 1 en 1 y los voy corrigiendo hasta llegar al resultado esperado. Con mi novia, Ana González, hemos creado el Estudio Apu’a, que no tiene un año todavía y ya está desarrollando importantes proyectos de interiorismo y equipamiento mobiliario. A principios de este año participamos en el Salón Nude de la Feria Hábitat, en Valencia (España), con excelentes resultados.

¿Existe alguna característica de tu diseño o algún conocimiento que estás seguro que te vino por herencia paterna?
La fascinación por el metal es herencia paterna… Es el material que mi padre más ha utilizado en sus obras. El me enseñó a soldar; siempre me fue familiar estar rodeado de metal y con él pude conocer diferentes maneras de usarlo. En mis diseños lo utilizo  por las características óptimas que presenta: la precisión con la que se lo puede trabajar, la resistencia que tiene, la variedad de acabados que permite y la larga duración en condiciones adecuadas. Existe una gran variedad de metales, pero el que más utilizo es el acero en sus distintos tipos. Y volviendo a mi padre y su influencia en mi carrera, puedo decirte que una vez, hace muchos años, me hizo un regalo premonitorio, cuando yo aún ni pensaba en el diseño. Me regaló una escultura pequeñita, un juguete, que era un banco, y tenía escrito en la parte del asiento la palabra “Apu’a”. Yo me había olvidado por completo de ese juguete, que en una mudanza se había extraviado. Lo reencontré hace poco, al regresar de la feria de Valencia, donde Ana y yo presentamos la marca Apu’a. ¡No lo podía creer!

¿Qué le diseñarías hoy a tu papá para homenajearlo?
Un atelier. Puedo ver cómo trabaja y darme cuenta de las cosas que necesita y quisiera tener en su taller. Me gustaría diseñarle un espacio de reflexión y creación, pero al mismo tiempo un espacio para exponer su obra.


SEGUIME.COM : LAS PERIPECIAS DE LA BLOGSFERA

















Estoy podrida de este mundo virtual de seguidores digitales.
En este preciso momento con muchísimo gusto terminaría con mi vida virtual
cometiendo flagrante suicidio digital con un CTRL+ALT+ DELETE contundente y
rotundo. Es que honestamente, nuestra vida digital en gran medida ha avasallado
nuestra vida real. Cada vez dedicamos más y más tiempo a administrar nuestras
redes sociales y menos a socializar. Cada día perdemos horas y horas observando
la vida de los otros mientras dejamos de prestar atención a los quienes nos
rodean en nuestras vidas. 




Y que nos deja esta excesiva preocupación por el social media. Nada más que una enorme
nube de pedos.  Vivimos consumiendo y generando
virtualidad pura. Pura fantasía para alimentar nuestro narcisismo ante la
mirada ajena. Pero en vez de generar la anhelada admiración, terminamos
avivando la envidia ajena. 




Instagram es un claro ejemplo del progresivo de cómo una red
social puede pasar de maravillosa a nefasta en un abrir y cerrar de ojos.
Quienes contaban con Instagram en sus inicios (allá por los remotos 2010)
aseguran de que era una aplicación que parecía destinada a exaltar y celebrar
la buena fotografía. De repente todos nos convertimos en fotógrafos de celular,
buscando sacar buenas tomas, encontrar el filtro correcto para hacerla ver más
cool y luego compartirla con nuestro pequeño y selecto grupo de amigos (el 90%
de ellos aficionados a la fotografía) y disfrutar de las deliciosas imágenes
que sus ojos iban captando. Pero de repente – SAS- las Kardashians descubrieron
Instagram y todo se fue a la miermier. 




De repente la calidad de las tomas pasó a un segundo plano y
lo único que parecía contar era la cantidad de seguidores. Las cuentas más
seguidas no eran las de mejor calidad, ni las más interesantes, ni las más
creativas. Nooo. Las reglas de instagram parecían de repente haber sido
cambiadas por otras redactadas en un mundo de existencia paralela en el cual
todo estaba al revés. En qué cabeza cabe que la persona más seguida después de
la cuenta de Instagram (oficialmente la cuenta más seguida de esta red social
con 168 millones de seguidores) sea SELENA GÓMEZ (WTF??) y que TOOODAS Y CADA
UNA DE LAS KARDASHIAN tengan más seguidores que MADONNA???!!! Como la reina del
pop va a ser desplazada en el reinado de las redes por una familia de
reverendas inútiles que además de ser chabacanas y grasas nadie entiende como
se hicieron famosas sin saber cantar, ni bailar, ni actuar….ni nada más que
sacarse selfies escotadas.  En este
siniestro mundo paralelo, Queen Madge solo tiene 7.3 millones de seguidores
(algo así como la población de Paraguay) frente a los 74.4 millones de
seguidores de Kim (algo así como la población de Alemania). #WATAHOLYMADONNAFAK
¡!! (Honestamente mi nivel de asombro solo es plausible de ser expresado vía
emoticones).




Luego ocurrió otro fenómeno aún más bizarro. De repente,
ante esta exposición brutal de mundos privados vía redes sociales, TODOS
empezaron a sentirse celebrities de sus propios reality shows y a comportarse
un poco como personajes mediáticos. Desde tu manicurista hasta tu sobrina
adolescente de repente empezaron a preocuparse más y más en construir una
audiencia de followers como si estuvieran jugando un juego de popularidad o
tenían que conquistar marcas como si fueran celebrities. Y métale posteo
ridículo tras posteo patético sacrificando su dignidad propia con el solo
objeto de tener más seguidores.




La otra vez  un amigo
me dijo algo muy cierto: Instagram mató a la fotografía. No solo nos hace sacar
fotos de baja resolución con filtros que las hacen parecer sacadas hace 20 años,
sino que también nos empuja a registrar las cosas más absolutamente banales de
nuestra existencia. Antes el revelado costaba tiempo y dinero. Uno no hacía
fotos por hacerlas nomás. Debía elegir cuidadosamente el sujeto, el fondo, la
pose, la situación. Se hacían fotos de viajes y eventos especiales, no de
platos de comida y tazas de café. Nadie le sacaba fotos a su plato de
ensalada!!!! Había que administrar bien el rollo de 36 tomas. Jamás de los
jamases un plato de ensalada iba a valer el esfuerzo tiempo /costo del proceso
de revelado.  Sacarle foto a unos pies
con paisaje, a tu look de un día cualquiera, a tus piernas de salchicha frente
a la playa, a un plato de café o a tu desayuno de cereal con el hashtag “#beFit”,
era algo inaudito que JAMAS iba a terminar enmarcado en un portarretratos. ¿Qué
nos regaló Instagram entonces? Pues el tener que bancarse la lenta y tediosa agonía
de la fotografía, una toma de ensalada a la vez. 




En el mundo de las redes plagadas de seguidores aparaecieron
de repente otros seres fenoménicos regidos por las leyes paralelas del universo
kardashian: los bloggers. Los primeros bloggers eran serios, y su fortaleza se
centraba en sus escritos con voces interesantes e independientes. Pero de
repente decidieron crearse cuentas en redes para amplificar su voz…. Y ahí
nuevamente todo se fue a la miermier. Ahora ya hay hasta bloggers que
oficialmente no tienen blogs sino solamente cuentas en instagram y que no hacen
literalmente nada más que posar por likes, y sacarle  fotos a su platos de ensalada, a sus maletas
o pasaportes cuando viajan, o reproducir hasta la lenta muerte cerebral de
todos sus seguidores un millón de fotos de ellas en la playa con frases
inspiradoras de todos los poetas muertos. 




Pero como no están muertas todas las neuronas digitales, se
ha acuñado un término para referirse a esta clase de bloggers vacíos de
contenido: egobloggers. No existe un término más apropiado para estos seres tan
detestables. Ellos representan el “#aquíEstoyYO con . Su mayor logro consiste
en vestirse de manera vistosa y acompañar sus selfies de frases inspiradoras
que dicen mucho pero en realidad no dicen nada y que al fin y al cabo no tienen
nada que ver con el selfie que se sacaron haciendo un duckface frente al
espejo. 




Imagínense la Insta escena: espejo de baño, duckface, selfie
y vestido vistoso verde limón y abajo una frase así: “Me encanta ser yo porque
soy un ser de luz. La vida me enseñó que quien quiere puede, y que más allá de
cualquier obstáculo social todo esfuerzo es recompensado porque no hay mal que
por bien no venga y cuando una puerta se cierra otra se abre para que le
pongamos al mal tiempo buena cara.” #TodoEsPorAlgo Imposible que a uno no se le
revuelva el estómago ante tanta cursilería junta googleada del refranero
español popular, cuando justo se olvidaron del único refrán que le iba a la
perfección a la foto: “aunque mona se vista de seda mona queda.”




Entre egobloggers y filósofos de la pacotilla digital no
deja de sorprenderme la cantidad de seguidores de muchos de estos especímenes.
Francamente es en muchos casos hasta sospechosa. Si se trata de personajes
mediaticos uno entiende, pero de repente aparece cada personaje de la nada y
SAS: 35K de seguidores  de la noche a la
mañana y TA-DAAAAAAA!  Te dejan como Kim
a Madge hablando pavadas con tu following de Mil’í.  Pero a la hora de la verdad en estos casos, lo
más probable es que se compró todos sus seguidores y tus 1K seguidores realesy
orgánicos  siempre van a ser más relevantes
que los 100K fantasmitas adquiridos onda @huanpotkoswag de Sri Lanka. Y como
todos los que admiramos a MADONNA por sobre todas las #Kardashian/Jenners del
Universo Digital, les comparto este HASHTAG #JUSTSAYING #FYI
#LaCalidadSiempreSuperaALaCantidad.  



LA MODA EN LAS REDES SOCIALES




Actualmente en el mundo de la moda hay una tendencia que supera a todas las demás tendencias: el encantamiento con las redes sociales.  Desde hace un par de años, las grandes marcas se han declarado las fans principales de las redes, creando cuentas, alianzas, posteos y reposteos con cuanta nueva aplicación digital va surgiendo. Ni bien empieza a popularizarse una red, las marcas de moda no tardan en posicionarse firmemente en ellas.

Todo diseñador de moda asegura que la moda (y principalmente el lujo) es una experiencia. Esto es lo que hace que el consumidor se sienta tan a la última, tan trendy, tan sofisticado y seguro de sí y lo que eventualmente lo termina invitando a comprar más… y más. Es muy difícil replicar la experiencia de tienda online. Cuando uno entra a una tienda, todo, desde la ambientación, hasta la música de fondo, la atención y la exhibición de las prendas están creadas y dispuestas como para transmitir un concepto y una identidad de marca y finalmente generar una experiencia en el consumidor. Mas los diseñadores (o más bien los expertos en marketing detrás de cada marca) se han dado cuenta de que las redes sociales son fantásticas para reproducir la experiencia de otros como un canal comunicador del lifestyle muy útil para generar toda una fantasía aspiracional digital que se adecua a la perfección a sus estrategias de marketing y publicidad.

Es increíble como las redes sociales han revolucionado el mundo de la comunicación y la publicidad. Hoy muchas marcas están más enfocadas en captar seguidores online y likes antes que publicar campañas en papel. El mundo de la comunicación instantánea -y efímera- parece adecuarse maravillosamente al siempre cambiante mundo de la moda, en el cual las tendencias se desechan cada seis meses bajo el encanto de la nueva colección. En el mundo del fast fashion el vínculo moda/socialmedia es aún más estrecho.

El primer vínculo de la moda se dio gracias a los primeros blogs de moda que aparecen a inicios del 2000: Bryan Boy (2004), Scott Schuman de The Sartorialist (2005), Susie Bubble de StyleBubble (2006), Garance Doré(2007) y Tavi Gevinson de StyleRookie (2008). Ellos fueron los primeros en captar la atención de los internautas en primer lugar y posteriormente los editores de moda y medios especializados quienes empezaron a escribir sobre este nuevo fenómeno. Las marcas no tardaron en caer rendidas a los encantos de estos nuevos “influenciadores” de la era digital que abrieron camino a otros bloggers de aparición aún más reciente fórmulas aún más exitosas como Olivia Palermo, Chiara Ferragni  y Camila Coelho.
Los fashion Bloggers hoy son los líderes indiscutidos de la comunicación de la moda. Las marcas no solo les usan para probar y comentar sus productos, sino también crean alianzas con ellos pagándolos para que se vistan de sus marcas, asistan a sus desfiles y hasta promocionen sus productos en sus cuentas digitales. Estas relaciones se han probado sumamente redituables para las marcas de lujo en tiempos de crisis.

Pero fueron las redes, y no los blogs lo que verdaderamente revolucionaron el vínculo moda/social media. Si bien hoy resulta imposible imaginarnos un mundo anterior a ellas, debemos recordar que la más veterana de las redes reinantes hoy en día, Facebook, lleva tan solo 12 años en el ciberespacio, en este cortísimo tiempo de reinado las redes sociales  han cambiado nuestra manera de comunicarnos, negociar y consumir. Yout tube hizo su aparición en 2005, Twitter en 2006, Instagram en 2010 y Snapchat en 2011. A pesar de su reciente aparición, su impacto en nuestro cotidiano ha sido masivo.  Sin lugar a dudas, el mayor propulsor de su meteórico ascenso fue la telefonía móvil.  Su impacto no hubiese sido el mismo sin la facilidad con que estos canales se integraron a nuestros celulares. De repente Facebook estaba en el celular, y los chats fueron dando espacio a las fotografías y videos (cada vez de mayor calidad) y el internet (de cada vez mayor velocidad) que facilitaban la conexión y la difusión de nuestros posteos. 

La moda captó muy rápido esta tendencia y se subió a la ola en el momento justo. Hoy en día la mayoría de las marcas de moda tienen una presencia firme en Facebook e Instagram que operan como importantísimas plataformas de su comunicación visual e institucional. Algunas marcas de moda han ido aún más allá, demostrando agudeza, innovación y creatividad a la hora de emplear estas plataformas de una manera divertida y diferente. Un Ejemplo reciente fue cuando el desfile Otoño Invierno 2015 de Valentino fue intervenido por Derek Zoolander y Hansel McDonald via Snapchat, quienes viralmente sorprendieron al público presente y al digital irrumpiendo en la pasarela como modelos del cierre. Esta fue una brutal e ingeniosa estrategia de comunicación con dos aristas, promocionar el regreso de la película del súper modelo Zoolander  a la gran pantalla y viralizar la transmisión del desfile de Valentino. Ambos objetivos se lograron fabulosamente. Check. Check. 

Conscientes de que los editores de moda y periodistas especializados (y por supuesto los bloggers) de la primera fila y ano usan libretas, sino dispositivos móviles y que compartir también es la tendencia en el sector de la moda, las cabezas de Valentino decidieron prestar su solemne pasarela de Alta Costura a la jocosa intervención de dos comediantes. El resultado fue un plan de marketing perfecto, pero que hubiera sido inaudito menos de 10 años atrás. Muchos aún recordarán que cuando  Sacha Baron Coen hizo lo mismo en el 2008 durante el desfile de Agatha Ruíz de la Prada para su comedia “Bruno”, una alianza marketinera era tan improbable, que su irrupción fue vista como un boicot y el actor terminó preso. Ocho años después, el cierre orquestado de los comediantes generó más de 20.000 twits convirtiéndose en trending topic mundial. Además se aliaron con Jerome Jarre, una estrella de la red social de videos cortos Vine, con más de 7 milloens de seguidores por entonces, a quien Derek Zoolander roba el móvil (parte del guión) y minutos después del supuesto robo Jarre publica en su cuenta de Snapchat (enfocado a los milenials) un video que se vuelve viral en minutos y para completar el círculo, hasta la mismísima Anna Wintour se confabula con los comediantes protagonizando unos breves videos en el backstage y posando para selfies con los actores. Todo por unos cuantos cientos de miles de likes. 



Las redes sociales se han convertido en canales valiosos para hacer más accesible el selecto mundo de la alta moda. A través de ellos los consumidores conocen y se vinculan con el producto, sintiéndolo aún más cerca y a la mano. Los “influencers” digitales (como se denomina actualmente a los bloggers y celebridades con millones de seguidores) completan el cuadro aumentando el deseo y asociando su estilo personal y su aura artística a determinados productos, volviéndolos aún más deseados entre sus seguidores. 

Los diseñadores también se han largado a las redes sociales. Ya son pocos quienes dejan sus cuentas personales en manos de anónimos e institucionales “community managers”, los más audaces y amigados con las redes se han dado cuenta que al manejar ellos mismos sus cuentas su éxito digital es mayor. El consumidor digital lo siente más cercano, y la posibilidad de interactuar con los diseñadores aumenta el encanto de seguirlo. Muchos diseñadores muestran escenas de su cotidiano, dan consejos y a veces hasta contestan a seguidores en sus cuentas conectándose así con consumidores y seguidores quienes disfrutan ver el mundo del backstage de las pasarelas, tener un vistazo de su día a día y del detrás de escena de la industria de la moda. Mostrando el lado humano de un gigante imperio de la moda, se reafirman vínculos y se logra fidelizar el aprecio que el seguidor siente por la marca.

Ya sea que las compañías apunten a aumentar el pasión por sus marcas o la lealtad de sus consumidores, o simplemente promover su última colección, queda muy claro que la pasarela contemporánea es una pasarela digital que transita a un veloz paso por las redes sociales, cambiando de plataforma cada tanto (de facebook a Twitter, de Twitter a Instagram, de Instagram a Snapchat y de Snapchat a Periscope) pero siempre a un paso muy firme.